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Cuento 46 de 100 · Basado en Tobías 5–12

Tobías y el ángel Rafael

Tobit era un hombre bueno que había perdido la vista. Un día llamó a su hijo Tobías y le pidió que hiciera un largo viaje para recoger un dinero que había dejado guardado en un lugar lejano.

Tobías salió a buscar a alguien que lo acompañara. Encontró a un joven que se llamaba Azarías. Pero lo que Tobías no sabía era que ese joven era, en realidad, el ángel Rafael.

Tobit despidió a su hijo con estas palabras:

Y se pusieron en camino, y el perro de Tobías los siguió. Junto al río Tigris, un gran pez saltó hacia Tobías, y el ángel le dijo que lo agarrara. Guardaron la hiel, el corazón y el hígado del pez. Más adelante, Tobías se casó con una joven buena llamada Sara.

Cuando Tobías volvió a su casa, su madre lo vio llegar. Rafael le dijo a Tobías que untara los ojos de su padre con la hiel del pez que habían pescado. Tobías lo hizo, y Tobit recuperó la vista.

Tobit y Tobías quisieron darle a Rafael la mitad de todo lo que habían traído. Entonces el joven les habló:

Los dos se asustaron.

Tobías había viajado acompañado, sin saberlo, por un ángel que Dios le envió.

Para conversar: Dios envió a Rafael para cuidar a Tobías. ¿Sabías que tienes un ángel que te cuida?

Cada noche puedes decir: «Ángel de la guarda, dulce compañía». Buenas noches.

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