Cuento 45 de 100 · Basado en Ester 4–8
Ester, la reina valiente
Ester era la reina, esposa del rey. Su primo Mardoqueo la había criado desde pequeña. Y un día, Mardoqueo le mandó un mensaje muy grave: su pueblo estaba en peligro.
—Quizá has llegado a ser reina precisamente para un momento como este —le dijo Mardoqueo.
Ester tenía miedo, porque nadie podía presentarse ante el rey sin que él lo llamara. Pero decidió ayudar a su pueblo. Le mandó este mensaje a Mardoqueo:
—Ve y reúne a todos los judíos de la ciudad. Ayunen por mí tres días y tres noches; yo y mis doncellas haremos lo mismo. Después iré a ver al rey, aunque no es lo que manda la ley. Y si tengo que perecer, que perezca.
Al tercer día, Ester se presentó ante el rey. Cuando él la vio, extendió hacia ella su cetro de oro, y ella se acercó.
—¿Qué te pasa, reina Ester? —le dijo el rey—. ¿Qué me pides? Aunque sea la mitad de mi reino, te lo daré.
Ester lo invitó a un banquete. Y en el banquete, el rey volvió a preguntarle qué quería.
—Si he hallado gracia ante ti, oh rey, y si te parece bien —dijo Ester—, que se me conceda mi vida, y la de mi pueblo. Porque nos han vendido para destruirnos.
El rey escuchó a Ester y protegió a su pueblo.
Ester fue valiente: usó su lugar de reina para ayudar a los demás.
Para conversar: Ester tuvo miedo, pero ayudó. ¿A quién podrías ayudar tú, aunque te dé un poco de miedo?
Se puede ser valiente aunque se sienta miedo. Buenas noches.