Cuento 31 de 100 · Basado en 1 Samuel 3
Samuel escucha a Dios en la noche
Samuel era un niño que ayudaba en el templo del Señor, cerca del sacerdote Elí. Elí ya era mayor, y cada vez veía menos.
Una noche, Elí estaba acostado en su sitio, y Samuel dormía en el templo, donde estaba el arca de Dios. La lámpara de Dios todavía no se había apagado.
De pronto, alguien lo llamó.
—¡Samuel!
—Aquí estoy —respondió Samuel, y corrió hasta donde estaba Elí—. Aquí estoy, porque me has llamado.
—Yo no te he llamado —le dijo Elí—. Vuelve a acostarte.
Samuel se fue a su cama. Y otra vez oyó:
—¡Samuel!
Corrió de nuevo a Elí, y otra vez Elí le dijo que no lo había llamado. Pero Samuel todavía no conocía la voz del Señor.
El Señor llamó por tercera vez, y Samuel fue de nuevo. Entonces Elí comprendió que era Dios quien llamaba al niño.
—Ve a acostarte —le dijo Elí—. Y si te llaman otra vez, di: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».
Samuel volvió a su cama. El Señor se presentó y lo llamó como las otras veces:
—¡Samuel, Samuel!
—Habla, que tu siervo escucha —contestó Samuel.
Y Dios le habló. Samuel se quedó acostado hasta la mañana, y después abrió las puertas del templo.
Samuel fue creciendo, y Dios estaba con él.
Para conversar: Samuel dijo: «Habla, Señor, que te escucho». ¿Qué le dirías tú a Dios antes de dormir?
Antes de dormir puedes decir como Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Buenas noches.