Cuento 32 de 100 · Basado en 1 Samuel 16,1-13
Dios elige a David
Dios le habló al profeta Samuel.
—Llena tu cuerno de aceite y ve a Belén, a la casa de Jesé —le dijo—. Porque he elegido a uno de sus hijos para que sea rey.
Samuel fue a Belén y llamó a Jesé y a sus hijos. Cuando vio al mayor, que se llamaba Eliab, pensó:
—Seguro que este es el elegido del Señor.
Pero Dios le dijo:
—No te fijes en su aspecto ni en su estatura, porque yo no lo he elegido. Dios no mira como mira el hombre: el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.
Jesé presentó a siete de sus hijos ante Samuel, uno por uno.
—El Señor no ha elegido a ninguno de estos —dijo Samuel—. ¿Son todos tus hijos?
—Queda el más pequeño —respondió Jesé—, que está cuidando las ovejas.
—Manda a buscarlo —dijo Samuel—. No nos sentaremos a la mesa hasta que llegue.
Jesé lo mandó llamar. Era David, un muchacho de ojos bonitos y buena presencia. Y el Señor dijo a Samuel:
—Levántate y úngelo, porque es este.
Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió delante de sus hermanos. Y desde ese día, el Espíritu del Señor vino sobre David.
Para conversar: Dios mira el corazón. ¿Qué cosa buena tienes tú en el corazón?
Para Dios eres valioso por lo que llevas dentro. Buenas noches.