Cuento 14 de 100 · Basado en Génesis 24
Rebeca y los camellos
Abrahán ya era mayor, y quería que su hijo Isaac se casara con una mujer de entre sus parientes. Llamó a su servidor de más confianza y lo envió lejos, con diez camellos cargados de regalos.
El servidor llegó al anochecer a las afueras de una ciudad, junto a un pozo, a la hora en que las mujeres salen a sacar agua. Entonces oró:
—Señor, Dios de mi amo Abrahán, ayúdame hoy. Que la joven a la que yo le diga: «Por favor, baja tu cántaro para que beba», y ella conteste: «Bebe, y también daré de beber a tus camellos», sea la que tú has elegido para Isaac.
Todavía no había terminado de orar cuando llegó Rebeca, con su cántaro al hombro. Era muy hermosa.
—Por favor, dame un poco de agua —le pidió el servidor.
—Bebe, señor mío —contestó ella, y bajó el cántaro.
Cuando él terminó, Rebeca añadió:
—También sacaré agua para tus camellos, hasta que terminen de beber.
Y corrió una y otra vez al pozo, hasta que todos los camellos bebieron. El hombre la miraba en silencio. Entonces dio gracias a Dios, porque había oído su oración.
Rebeca aceptó ir con él. Cuando llegaron, Isaac salió al campo a la hora del atardecer. Rebeca lo vio de lejos.
—¿Quién es ese hombre que viene a nuestro encuentro? —preguntó.
—Es mi señor —respondió el servidor.
Isaac se casó con Rebeca, y la quiso mucho.
Para conversar: Rebeca ayudó sin que se lo pidieran. ¿A quién puedes ayudar mañana?
Un gesto amable puede cambiar un día entero. Buenas noches.