Cuento 40 de 100 · Basado en 2 Reyes 5
Naamán se lava en el río Jordán
Naamán era el jefe del ejército del rey de Siria. Era un hombre importante, pero estaba enfermo de lepra.
Su esposa tenía una criada, una niña de Israel. Un día, la niña le dijo a su señora:
—Ojalá mi señor fuera a ver al profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra.
Naamán fue con regalos hasta la casa del profeta Eliseo. Eliseo no salió. Le mandó a decir con un mensajero:
—Ve y lávate siete veces en el río Jordán. Tu carne se renovará y quedarás limpio.
Naamán se enojó mucho.
—Yo pensaba que saldría él en persona —dijo—. ¿Acaso los ríos de Damasco no son mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría lavarme en ellos y quedar limpio?
Dio media vuelta y se fue, muy enojado.
Entonces se le acercaron sus criados.
—Padre mío —le dijeron—, si el profeta te hubiera mandado una cosa difícil, ¿no la habrías hecho? Con más razón si solo te dice: «Lávate y quedarás limpio».
Naamán bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, como había dicho Eliseo. Y su carne quedó limpia, como la de un niño pequeño.
Volvió a ver a Eliseo y le dijo:
—Ahora sé que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel.
Dios sanó a Naamán. Y una niña sencilla lo ayudó a encontrar el camino.
Para conversar: Una niña pequeña ayudó a un gran jefe. ¿Cómo puedes ayudar tú a un adulto?
Los niños también pueden ayudar mucho, con una palabra buena a tiempo. Buenas noches.