Cuento 39 de 100 · Basado en 2 Reyes 4,1-7
La vasija de aceite del profeta Eliseo
Había una mujer, viuda de un discípulo de los profetas. Un día fue a ver al profeta Eliseo, muy preocupada.
—Mi esposo ha muerto —le dijo—. Y el que me prestó dinero ha venido para llevarse a mis dos hijos como esclavos.
—¿Qué puedo hacer por ti? —le preguntó Eliseo—. Dime, ¿qué tienes en casa?
—No tengo nada, solo una vasija de aceite.
—Ve a pedir vasijas a todos tus vecinos —le dijo Eliseo—. Vasijas vacías, y no pocas. Entra en tu casa, cierra la puerta tras de ti y de tus hijos, y echa aceite en todas esas vasijas. Ve poniendo aparte las que se llenen.
La mujer lo hizo así. Cerró la puerta y comenzó a echar aceite en las vasijas que sus hijos le iban acercando. Y el aceite no se acababa.
Cuando las vasijas estuvieron llenas, le dijo a su hijo:
—Tráeme otra vasija.
—Ya no hay más —le contestó él.
Y entonces el aceite se detuvo.
La mujer fue a contárselo al profeta.
—Ve a vender el aceite —le dijo Eliseo—, paga tu deuda, y vivan tú y tus hijos de lo que sobre.
Dios cuidó de aquella familia con lo poco que tenía.
Para conversar: La mujer pensaba que no tenía nada, pero tenía una vasija de aceite. ¿Qué cosas buenas tienes tú?
Dios puede hacer mucho con lo poco que le damos. Buenas noches.