Cuento 44 de 100 · Basado en Daniel 3
Los tres amigos en el horno de fuego
El rey Nabucodonosor mandó hacer una estatua de oro y ordenó que, cuando sonara la música, todos se arrodillaran ante ella.
Había tres jóvenes que no lo hicieron: Sadrac, Mesac y Abdénago. Ellos solo adoraban al Dios verdadero.
Lo supo el rey, y se puso furioso. Los hizo llamar.
—¿Es verdad que ustedes no sirven a mis dioses ni adoran la estatua? Les doy otra oportunidad. Si no la adoran, los echaré al horno de fuego. ¿Y qué dios podrá librarlos de mis manos?
Los tres jóvenes respondieron:
—Majestad, no necesitamos defendernos de eso. Si nuestro Dios, a quien servimos, quiere salvarnos del horno y de tus manos, nos salvará. Y aunque no lo hiciera, sepa el rey que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua.
El rey ordenó calentar el horno siete veces más de lo normal, y mandó atar a los tres jóvenes y echarlos al fuego.
Pero entonces, el rey se levantó de un salto, asombrado.
—¿No echamos a tres hombres atados al fuego? —preguntó a sus consejeros—. ¡Pues yo veo cuatro hombres sueltos que caminan en medio del fuego sin sufrir ningún daño! Y el cuarto parece un hijo de los dioses.
Se acercó a la puerta del horno y gritó:
—¡Sadrac, Mesac y Abdénago, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan!
Salieron del fuego. No tenían ni un cabello chamuscado, ni su ropa estaba quemada, ni olían a humo.
—Bendito sea el Dios de ellos —dijo el rey—, que envió a su ángel y salvó a sus siervos que confiaron en él.
Para conversar: Los tres jóvenes fueron fieles a Dios. ¿Cómo puedes ser fiel tú, aunque no sea fácil?
En el fuego, Dios estuvo con ellos. Dios está contigo en los momentos difíciles. Buenas noches.