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Cuento 43 de 100 · Basado en Daniel 6

Daniel en el foso de los leones

Daniel era un hombre muy fiel a Dios. El rey Darío lo apreciaba, y pensaba ponerlo a cargo de todo el reino.

Esto no les gustó a otros funcionarios, que buscaron algo de qué acusarlo. Pero no encontraron nada. Entonces dijeron:

Y convencieron al rey de firmar una orden: durante treinta días, nadie podía rezar a ningún dios ni a ningún hombre, solo al rey. Quien lo hiciera sería arrojado al foso de los leones.

Daniel supo que la orden estaba firmada. Fue a su casa, abrió las ventanas que daban hacia Jerusalén, se arrodilló como hacía siempre, tres veces al día, y rezó y dio gracias a su Dios.

Lo vieron y fueron a acusarlo. El rey se puso muy triste, y trató de salvarlo hasta la puesta del sol. Pero la orden era la orden.

Echaron a Daniel al foso de los leones y taparon la entrada con una piedra. El rey se fue a su palacio. Pasó la noche sin comer y no pudo dormir.

Al amanecer, el rey se levantó y fue corriendo al foso.

El rey se puso muy contento. Sacaron a Daniel del foso, y no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.

Para conversar: Daniel rezaba todos los días. ¿A qué hora del día te gustaría rezar tú?

Daniel confió en Dios, y Dios lo cuidó. Tú también puedes confiar. Buenas noches.

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