Cuento 26 de 100 · Basado en Números 22,21-35
La burra de Balaam
Balaam era un hombre que escuchaba a Dios. Una mañana se levantó, preparó su burra y se puso en camino con dos de sus criados.
Pero en el camino había un ángel del Señor, con una espada en la mano. Balaam no lo veía. La burra sí.
Cuando la burra vio al ángel, se salió del camino y se metió en un campo. Balaam le pegó para devolverla al camino.
Después, el ángel se puso en un sendero entre dos viñas. La burra vio al ángel y se arrimó a la pared, y le apretó el pie a Balaam. Balaam volvió a pegarle.
El ángel se puso otra vez delante, en un lugar tan estrecho que no había por dónde pasar. La burra vio al ángel y se echó al suelo. Balaam se enojó y le pegó con su bastón.
Entonces Dios hizo que la burra hablara.
—¿Qué te he hecho yo para que me hayas pegado tres veces? —le dijo a Balaam.
—¡Te estás burlando de mí! —contestó Balaam.
—¿No soy yo tu burra, en la que has montado siempre hasta hoy? ¿Acaso acostumbro hacerte esto?
—No —reconoció Balaam.
Entonces Dios le abrió los ojos, y Balaam vio al ángel. Se inclinó hasta el suelo.
—¿Por qué has pegado a tu burra tres veces? —le preguntó el ángel—. Ella me vio y se apartó tres veces.
Balaam entendió que había hecho mal. A los animales hay que cuidarlos con cariño.
Para conversar: ¿Cómo puedes cuidar a un animal, o a una mascota, con cariño?
Dios se preocupa por todo lo que hizo, también por los animales. Buenas noches.