Cuento 16 de 100 · Basado en Génesis 33,1-11
Jacob y Esaú se abrazan
Jacob se había ido de su casa hacía muchos años, después de una pelea con su hermano Esaú. Ahora volvía, con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía.
De pronto, Jacob levantó los ojos y vio que venía Esaú, con cuatrocientos hombres. Jacob se adelantó a su familia y se fue inclinando hasta el suelo siete veces, mientras se acercaba a su hermano.
Pero Esaú corrió a su encuentro. Lo abrazó, se echó a su cuello, lo besó, y los dos lloraron.
Después Esaú miró y vio a las mujeres y a los niños.
—¿Quiénes son estos que vienen contigo? —preguntó.
—Son los hijos que Dios me ha dado a mí, tu servidor —contestó Jacob.
Esaú también había visto los regalos que Jacob le enviaba, y le dijo:
—Yo tengo bastante, hermano mío. Quédate con lo que es tuyo.
—No, por favor —insistió Jacob—. Si de verdad me tienes cariño, acepta mi regalo. Al verte, es como si hubiera visto el rostro de Dios, porque me has recibido con cariño.
Y Jacob insistió tanto, que Esaú lo aceptó.
Los dos hermanos volvieron a estar en paz.
Para conversar: ¿Con quién te gustaría hacer las paces? ¿Qué le dirías?
Hacer las paces es una de las cosas más bonitas que podemos hacer. Buenas noches.