Cuento 74 de 100 · Basado en Lucas 10,25-37
El buen samaritano
Un maestro de la ley le preguntó a Jesús cómo podía alcanzar la vida eterna. Jesús le respondió que había que amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo.
—¿Y quién es mi prójimo? —preguntó el maestro.
Jesús contestó con una historia.
—Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones. Lo golpearon, le quitaron todo y se fueron dejándolo medio muerto.
—Por casualidad, bajaba por ese camino un sacerdote. Lo vio y pasó de largo. Lo mismo hizo un levita: lo vio y pasó de largo.
—Pero un samaritano que iba de viaje llegó junto a él, lo vio y sintió compasión. Se acercó, le vendó las heridas con aceite y vino, lo montó en su propio animal, lo llevó a una posada y lo cuidó.
—Al día siguiente, sacó dos monedas y se las dio al dueño de la posada: «Cuídalo, y lo que gastes de más te lo pagaré cuando vuelva».
Entonces Jesús preguntó:
—¿Cuál de los tres te parece que fue prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones?
—El que tuvo compasión de él —respondió el maestro.
—Ve y haz tú lo mismo —le dijo Jesús.
Prójimo es cualquiera que necesita nuestra ayuda.
Para conversar: ¿A quién puedes ayudar tú esta semana, como el samaritano?
Ayudar a quien lo necesita es amar como Jesús. Buenas noches.