Cuento 73 de 100 · Basado en Lucas 15,11-32
El hijo que volvió a casa
Jesús contó esta historia.
Un hombre tenía dos hijos. El menor le dijo a su padre:
—Padre, dame la parte de la herencia que me toca.
El padre se la dio. Y pocos días después, el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano. Allí gastó todo su dinero. Cuando ya no le quedaba nada, hubo mucha hambre en ese país, y empezó a pasar necesidad. Se puso a trabajar cuidando cerdos, y tenía tanta hambre que deseaba comer lo que comían los cerdos.
Entonces pensó:
—¡Cuántos trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Me levantaré y volveré a mi padre, y le diré: «Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco que me llames hijo. Trátame como a uno de tus trabajadores».
Y se puso en camino. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio. Sintió compasión, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
—Padre, he pecado contra Dios y contra ti —empezó a decir el hijo.
Pero el padre les dijo a sus criados:
—¡Pronto! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Pónganle un anillo y sandalias. Traigan el ternero engordado y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.
Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Cuando volvió y oyó la música, se enojó y no quiso entrar. El padre salió a rogarle.
—Hijo —le dijo—, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero había que celebrar, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.
Así es Dios Padre: siempre nos espera con los brazos abiertos.
Para conversar: Cuando te equivocas, ¿qué puedes hacer para volver a casa, como el hijo?
Dios te espera con los brazos abiertos, pase lo que pase. Buenas noches.