Cuento 24 de 100 · Basado en Éxodo 17,1-7
El agua que salió de la roca
El pueblo de Dios siguió su camino por el desierto, y llegó a un lugar llamado Refidim. Pero allí no había agua para beber.
La gente tenía mucha sed y empezó a quejarse.
—Danos agua para beber —le dijeron a Moisés.
—¿Por qué se quejan de mí? —les respondió Moisés—. ¿Por qué ponen a prueba al Señor?
Pero la sed era muy grande, y la gente volvió a protestar.
—¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para hacernos morir de sed, con nuestros hijos y nuestros animales?
Moisés habló con Dios.
—¿Qué voy a hacer con este pueblo? —preguntó.
Y Dios le contestó:
—Pasa delante del pueblo, llevando contigo a algunos ancianos de Israel, y toma en tu mano el bastón. Yo estaré allí, frente a ti, sobre la roca de Horeb. Golpea la roca y saldrá agua, para que beba el pueblo.
Moisés lo hizo así, a la vista de los ancianos de Israel. Golpeó la roca, y salió agua. Y el pueblo bebió.
Cuando tengas sed y tomes un vaso de agua fresca, puedes acordarte de este cuento y dar gracias a Dios.
Para conversar: ¿Cuándo fue la última vez que tuviste mucha sed? ¿Cómo te sentiste al beber agua?
Antes de dormir, toma un poco de agua y da gracias a Dios por ella. Buenas noches.