Cuento 94 de 100 · Basado en Hechos 9,1-19
Saulo y la luz en el camino
Saulo perseguía a los seguidores de Jesús. Iba camino de Damasco, y de pronto una luz del cielo lo envolvió con su resplandor. Cayó al suelo y oyó una voz que le decía:
—Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
—¿Quién eres, Señor? —preguntó.
—Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad; allí te dirán lo que debes hacer.
Los hombres que iban con él se quedaron sin palabras. Saulo se levantó del suelo, pero aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco, y estuvo tres días sin ver, sin comer ni beber.
En Damasco vivía un discípulo llamado Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
—Ananías.
—Aquí estoy, Señor.
—Ve a la casa de Judas, en la calle Recta, y pregunta por un hombre de Tarso llamado Saulo. Está orando.
Ananías fue, puso sus manos sobre Saulo y le dijo:
—Hermano Saulo, el Señor Jesús me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.
Al instante, algo como escamas cayó de los ojos de Saulo y volvió a ver. Se levantó y fue bautizado.
Jesús cambió el corazón de Saulo. Con Jesús, todos podemos empezar de nuevo.
Para conversar: ¿Por qué crees que Ananías obedeció, aunque le daba miedo?
Jesús siempre da una nueva oportunidad. Buenas noches.