Cuento 88 de 100 · Basado en Lucas 24,13-35
Los discípulos de Emaús
El mismo día en que Jesús resucitó, dos de sus discípulos iban caminando hacia un pueblo llamado Emaús. Hablaban de todo lo que había pasado.
Mientras conversaban, Jesús se acercó y caminó con ellos. Pero ellos no lo reconocieron.
—¿De qué van hablando por el camino? —les preguntó.
Se detuvieron, muy tristes. Uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo:
—¿Eres el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?
Le contaron lo ocurrido con Jesús de Nazaret.
—Nosotros esperábamos que él fuera el que iba a liberar a Israel —decían.
Entonces Jesús les explicó, empezando por Moisés y todos los profetas, lo que decían de él las Escrituras.
Cuando llegaron cerca del pueblo, Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos le insistieron:
—Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.
Jesús entró para quedarse con ellos. Cuando se sentaron a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
—¿No sentíamos arder el corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? —se dijeron.
Se levantaron enseguida y volvieron a Jerusalén a contar lo que habían visto.
Jesús camina con nosotros, aunque no lo veamos.
Para conversar: Los discípulos dijeron «Quédate con nosotros». ¿Se lo puedes decir tú también a Jesús esta noche?
Antes de dormir di: «Quédate conmigo, Señor, porque ya es tarde». Buenas noches.