Cuento 61 de 100 · Basado en Lucas 5,1-11
La pesca milagrosa
Jesús estaba junto al lago de Genesaret, y mucha gente se apretujaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios.
Vio dos barcas en la orilla. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Jesús subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de tierra. Y sentado en la barca, enseñó a la gente.
Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón:
—Navega mar adentro y echen sus redes para pescar.
—Maestro —le respondió Simón—, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada. Pero por tu palabra echaré las redes.
Lo hicieron, y pescaron tantos peces que las redes se rompían. Entonces llamaron a sus compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Vinieron, y llenaron las dos barcas, tanto que casi se hundían.
Al verlo, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús.
—Apártate de mí, Señor, que soy un pecador —le dijo.
Estaba asombrado, y también sus compañeros, Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo.
—No tengas miedo —le dijo Jesús a Simón—. Desde ahora serás pescador de hombres.
Llevaron las barcas a la orilla, lo dejaron todo y siguieron a Jesús.
Para conversar: Simón confió en Jesús aunque había pescado toda la noche sin éxito. ¿En qué puedes confiar tú?
Cuando confías en Jesús, él hace cosas buenas. Buenas noches.