Cuento 62 de 100 · Basado en Juan 2,1-11
La boda de Caná
Había una boda en un pueblo llamado Caná, en Galilea. Allí estaba la madre de Jesús, y también habían sido invitados Jesús y sus discípulos.
En plena fiesta, se acabó el vino. María se dio cuenta, y le dijo a Jesús:
—No tienen vino.
Jesús le contestó que todavía no había llegado su hora. Pero María se dirigió a los sirvientes y les dijo:
—Hagan lo que él les diga.
Había allí seis tinajas de piedra. Jesús les dijo a los sirvientes:
—Llenen de agua las tinajas.
Las llenaron hasta arriba.
—Saquen ahora un poco —les dijo Jesús— y llévenselo al encargado de la fiesta.
Se lo llevaron. El encargado probó el agua convertida en vino. No sabía de dónde venía, pero los sirvientes que habían sacado el agua sí lo sabían. Entonces llamó al novio y le dijo:
—Todos sirven primero el vino bueno y, cuando la gente ya ha bebido bastante, sirven el peor. ¡Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora!
Este fue el primer signo que hizo Jesús en Caná de Galilea. Así mostró su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
María se dio cuenta de lo que hacía falta y confió en Jesús.
Para conversar: María se fijó en lo que les faltaba a los demás. ¿Qué puedes notar tú que le haga falta a alguien?
Si algo te preocupa, cuéntaselo a Jesús, como María. Buenas noches.