Cuento 68 de 100 · Basado en Marcos 4,1-9.14-20
El sembrador y sus semillas
Jesús estaba enseñando junto al lago. Había tanta gente que él subió a una barca en el agua, y se sentó. Todos los demás estaban en la orilla.
Les enseñaba contándoles historias. Y una de ellas decía:
—Escuchen: salió un sembrador a sembrar.
—Al sembrar, unas semillas cayeron al borde del camino, y vinieron los pájaros y se las comieron.
—Otras cayeron en terreno pedregoso, donde casi no había tierra. Brotaron enseguida, pero cuando salió el sol se quemaron, y como no tenían raíz, se secaron.
—Otras cayeron entre espinos. Los espinos crecieron y las ahogaron, y no dieron fruto.
—Pero otras cayeron en tierra buena. Crecieron, se desarrollaron y dieron fruto: unas treinta, otras sesenta y otras cien por una.
Y Jesús añadió:
—El que tenga oídos para oír, que oiga.
Después, Jesús explicó a sus discípulos lo que quería decir. El sembrador siembra la palabra de Dios. Algunos la escuchan y la acogen en su corazón, y dan fruto. Otros la olvidan pronto.
Podemos pedirle a Dios que nuestro corazón sea una tierra buena, para que la palabra de Jesús crezca en nosotros.
Para conversar: ¿Cómo puedes cuidar la «tierra» de tu corazón para que la palabra de Jesús crezca?
Que la palabra de Jesús crezca esta noche en tu corazón. Buenas noches.