Cuento 96 de 100 · Basado en Lucas 18,9-14
El fariseo y el publicano
Jesús contó esta parábola a algunos que se creían muy buenos y despreciaban a los demás:
—Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todo lo que tengo».
El publicano, en cambio, se quedó a distancia. Ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo. Se golpeaba el pecho y decía: «Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador».
Jesús terminó diciendo:
—Les digo que este volvió a su casa perdonado, y el otro no. Porque el que se cree grande será humillado, y el que se hace pequeño será engrandecido.
A Dios le gusta que seamos sinceros y humildes cuando hablamos con él.
Para conversar: ¿Cómo le hablas tú a Dios cuando te equivocas?
Dios escucha con cariño al que le habla con sinceridad. Buenas noches.