Cuento 4 de 100 · Basado en Génesis 3,1-24
Dios busca a Adán y a Eva
Dios había dado al hombre y a la mujer todo el jardín. Solo les había pedido una cosa: que no comieran el fruto de un árbol que estaba en medio del jardín.
Un día, una serpiente le habló a la mujer.
—¿De verdad Dios les dijo que no coman de ningún árbol del jardín? —preguntó.
—Podemos comer de todos —contestó la mujer—, menos de ese. Dios nos dijo que no lo comiéramos ni lo tocáramos.
La serpiente le dijo que no pasaría nada, que más bien serían como Dios. La mujer miró el fruto, vio que parecía bueno y comió. Le dio también a su esposo, y él comió.
Cuando se dieron cuenta de lo que habían hecho, sintieron vergüenza y se escondieron entre los árboles.
Entonces Dios salió a buscarlos.
—¿Dónde estás? —llamó Dios al hombre.
—Oí tu voz en el jardín y tuve miedo —contestó él—, y me escondí.
Dios no se fue. Habló con ellos, y ellos le contaron lo que había pasado. Ya no podían seguir viviendo en el jardín, pero Dios no los dejó solos: les hizo ropas de piel y los vistió.
Aunque se habían equivocado, Dios siguió cuidándolos.
Para conversar: Cuando nos equivocamos, ¿qué es mejor: esconderse o contar la verdad?
Si hoy te equivocaste en algo, puedes decírselo a Dios: él siempre te busca con cariño. Buenas noches.