A mitad del día o cuando empieza a caer la tarde, una pausa de oración devuelve la paz y el sentido. La tradición cristiana tiene dos momentos fuertes: el Ángelus, a las doce del día (y en muchos lugares también a las seis de la tarde), y las Vísperas, la oración de la tarde de la Iglesia.
El Ángelus
Recuerda la Encarnación del Hijo de Dios. En tiempo de Pascua se sustituye por el Regina caeli.
V. El ángel del Señor anunció a María. R. Y concibió por obra del Espíritu Santo. Dios te salve, María…
V. He aquí la esclava del Señor. R. Hágase en mí según tu palabra. Dios te salve, María…
V. Y el Verbo se hizo carne. R. Y habitó entre nosotros. Dios te salve, María…
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oremos: Derrama, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que, habiendo conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, por su pasión y su cruz seamos llevados a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
El Magníficat
Es el cántico de la Virgen (Lc 1,46-55) y el corazón de las Vísperas:
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Oración breve para la tarde (propuesta)
Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día va de caída (Lc 24,29). Gracias por lo vivido hasta ahora. Perdona lo que no hice bien y dame fuerza para lo que falta del día. Que en el trabajo, en el camino y en casa sepa reconocerte, como los discípulos de Emaús. Amén.
Cómo hacer la pausa
Detén lo que estás haciendo dos minutos, respira, reza el Ángelus o el Magníficat y ofrece a Dios lo que queda de la jornada. Si puedes, pasa por una iglesia y haz una breve visita al Santísimo.