La Oración de abandono es una oración de confianza total en Dios Padre. Nace de las meditaciones de san Carlos de Foucauld (1858-1916), un militar francés alejado de la fe que se convirtió, se hizo monje y después sacerdote, y vivió como ermitaño entre los tuareg del Sahara. Murió asesinado en Tamanrasset (Argelia) y fue canonizado por el papa Francisco el 15 de mayo de 2022.
La oración
Padre mío, me abandono a ti. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo y es para mí una necesidad de amor darme, entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque tú eres mi Padre.
Su origen
El texto se tomó de una meditación que Carlos de Foucauld escribió sobre las últimas palabras de Jesús en la cruz: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46). Sus seguidores le dieron forma de oración, y hoy la rezan las fraternidades que viven su espiritualidad y millones de cristianos.
Cuándo rezarla
- Ante una decisión que te supera: te ayuda a soltar el control.
- En la enfermedad o el dolor, uniéndote a Jesús en la cruz.
- Por la noche, al entregar el día a Dios.
- Cuando la ansiedad aprieta: rézala despacio, respirando en cada frase.
Qué no significa abandonarse
Abandonarse en Dios no es pasividad ni resignación. Es hacer lo que nos toca con todas nuestras fuerzas y dejar el resultado en sus manos, como enseña Jesús: «No os agobiéis por el mañana» (Mt 6,34). El Catecismo llama a esto «abandono filial en la providencia» (CIC 305).