¿Qué significa ser hijo amado de Dios?
Ser hijo de Dios no es un logro propio, sino un don que recibimos por la gracia de Dios, en Jesucristo.
No vale solo para quienes “se portan bien”; es una invitación abierta a todos quienes creen en Cristo (cf. Jn 1,12).
Esta identidad nos habla de dignidad eterna y de amor incondicional; no es una relación “ficticia” o solo simbólica, sino real.