Cuento 11 de 100 · Basado en Génesis 18,1-15
Abrahán y los tres visitantes
Abrahán y Sara ya eran muy mayores. Dios les había cambiado los nombres: antes se llamaban Abrán y Saray.
Un día, en lo más caluroso de la tarde, Abrahán estaba sentado a la entrada de su tienda. Levantó los ojos y vio a tres hombres de pie, frente a él.
Corrió a recibirlos y se inclinó hasta el suelo.
—Señor mío, no pases de largo junto a tu servidor —les dijo—. Que les traigan agua para lavarse los pies, y descansen bajo el árbol. Yo les traeré un poco de pan para que recobren fuerzas.
—Haz lo que dices —le contestaron.
Abrahán fue de prisa a la tienda.
—Sara, ¡date prisa! Amasa harina y haz unas tortas —le dijo.
Él mismo corrió a buscar un ternero tierno, y lo mandó preparar. Les llevó también leche y cuajada. Y mientras ellos comían bajo el árbol, Abrahán se quedó de pie a su lado.
—¿Dónde está Sara, tu esposa? —preguntaron los visitantes.
—Allí, en la tienda.
—Dentro de un año volveré —dijo uno de ellos—, y Sara tendrá un hijo.
Sara estaba escuchando detrás de la entrada, y se rio para sus adentros.
—¿Hay algo imposible para el Señor? —dijo él—. Volveré, y Sara tendrá un hijo.
Sara tuvo miedo y dijo: «No me he reído». Pero él le respondió: «Sí, te has reído».
Para conversar: Abrahán recibió con alegría a sus visitantes. ¿A quién puedes recibir tú con cariño?
Para Dios nada es imposible. Duerme en paz. Buenas noches.