Decir “Creemos” une a millones de personas en todo el mundo a lo largo de la historia porque expresa una fe que cada persona profesa personalmente, pero que no sostiene en soledad. Esta fe se recibe y se vive dentro de una comunidad que la transmite a través de generaciones.
La dimensión personal y comunitaria de la fe
El Catecismo de la Iglesia Católica explica que decir “Creo” expresa la fe personal de cada creyente, especialmente en el Bautismo. En cambio, decir “Creemos” refleja la fe confesada por los obispos reunidos en concilio o por la asamblea litúrgica. Esto significa que la Iglesia precede y sostiene la fe de cada persona, y con ella aprendemos a decir tanto “Creo” como “Creemos”.
La Escritura también muestra esta doble dimensión. San Pablo habla de “creemos” y “creo” y describe a los cristianos como un solo cuerpo y un solo Espíritu, llamados a una sola fe y un solo bautismo. La fe es personal, pero el Espíritu Santo incorpora a cada creyente al Cuerpo de Cristo y le da un lugar en él.
El Credo como expresión de comunión
El Credo no es solo una lista de ideas compartidas. Al recitarlo, los creyentes profesan su fe en el Dios trino y manifiestan su comunión con Dios y con la Iglesia que transmite esa fe. Por eso, decir “Creemos” no borra las diferencias entre personas o culturas, sino que las reúne en una misma confesión de fe recibida, celebrada y transmitida.
¿Por qué es importante decir “Creemos”?
- Une a los cristianos de distintas épocas y lugares.
- Expresa una fe que se vive en comunidad, no en soledad.
- Manifiesta la continuidad de la transmisión de la fe en la Iglesia.
- Refleja la comunión con Dios y con los hermanos en la fe.
La fe como don y tarea
La fe que confesamos con “Creemos” es un don que la Iglesia nos transmite, pero también una tarea que cada creyente debe vivir y testimoniar. La profesión común de fe nos impulsa a vivir según esa fe y a compartirla con otros, manteniendo la unidad en la diversidad.
En resumen, decir “Creemos” une a millones porque es la expresión de una fe personal y comunitaria, transmitida y vivida en la Iglesia a lo largo de la historia, que nos hace parte de un mismo Cuerpo y Espíritu en Cristo.