El matrimonio cristiano es un sacramento: Cristo mismo acompaña a los esposos y les da la gracia para amarse «en la prosperidad y en la adversidad» (CIC 1641-1642). Rezar juntos es la mejor manera de dejar que esa gracia actúe cada día.
Oración de los esposos (propuesta)
Oración compuesta para rezar juntos; no es un texto oficial.
Señor, Dios nuestro, te damos gracias por el día en que nos uniste y por cada año que hemos caminado juntos.
Renueva nuestro amor cuando se canse, sana las heridas que nos hemos hecho, enséñanos a pedir perdón y a perdonar antes de que se ponga el sol.
Bendice nuestro hogar, nuestro trabajo y a nuestros hijos. Que nuestra casa sea una pequeña iglesia donde se rece, se escuche y se sirva. Danos fidelidad en lo pequeño y en lo grande, hasta que nos encontremos contigo en el cielo. Amén.
Oración a la Sagrada Familia (papa Francisco)
El papa Francisco terminó la exhortación Amoris laetitia (2016) con esta oración:
Jesús, María y José, en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor, a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret, que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división; que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret, haz tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José, escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.
La oración de Tobías y Sara
En la noche de bodas, Tobías y Sara se levantaron a rezar juntos, bendiciendo a Dios que creó al hombre y a la mujer para que se ayudaran, y pidiendo llegar juntos a la vejez (Tb 8,4-8). Es un texto hermoso para leer en un aniversario.
Tres gestos diarios
- Bendecirse mutuamente con la señal de la cruz antes de salir de casa.
- Rezar un Padre Nuestro juntos antes de dormir.
- Pedir perdón el mismo día, sin dejar que se acumule el rencor (Ef 4,26).