La oración de sellamiento es una devoción popular, muy difundida en grupos de oración y de la Renovación Carismática: se pide a Dios que, por la Sangre de Cristo, proteja a la persona, a su familia y sus bienes de todo mal. No es una oración litúrgica ni tiene un texto oficial. Rezada con fe, es una forma de confiarse a Dios; mal entendida, puede convertirse en superstición.
El verdadero «sello» del cristiano
La Escritura llama «sello» a la obra del Espíritu Santo en el bautizado: «Dios nos ha ungido, nos ha sellado y ha puesto en nuestros corazones, como prenda, el Espíritu» (2 Co 1,21-22; ver Ef 1,13). El Catecismo explica que el Bautismo y la Confirmación imprimen un sello espiritual indeleble (CIC 1272-1274, 1304). Por eso, el cristiano ya está sellado por Dios. La oración de sellamiento no añade un sello nuevo: renueva la confianza en la protección de Cristo, que nos rescató «con su sangre preciosa» (1 P 1,18-19).
Oración de protección por la Sangre de Cristo (propuesta)
Texto propuesto para rezar con fe; no es una fórmula oficial de la Iglesia.
Señor Jesús, por tu Sangre preciosa derramada en la cruz nos has rescatado del pecado y de la muerte. Hoy me pongo bajo tu protección con mi familia, mi casa, mi trabajo y todo lo que me has dado. Cúbrenos con tu amor, líbranos de todo mal y no permitas que nada nos aparte de ti. Renueva en nosotros la gracia de nuestro Bautismo y el sello de tu Espíritu Santo. María, Madre nuestra, san José y san Miguel arcángel, interceded por nosotros. Amén.
Se puede terminar con la oración a san Miguel Arcángel:
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Cuidado con la superstición
- No son palabras mágicas. La protección viene de Dios, no de repetir una fórmula exacta ni de «sellar» objetos con gestos (CIC 2111).
- Lo que de verdad protege es la vida de gracia: la confesión frecuente, la Eucaristía, la oración diaria y la caridad.
- El exorcismo está reservado. Un laico no hace exorcismos; solo el sacerdote autorizado por el obispo (CIC 1673; Código de Derecho Canónico, c. 1172). Si alguien sospecha una acción del maligno, debe hablar con su párroco.