El amor verdadero debe mostrar paciencia, bondad, respeto, generosidad y un compromiso constante con el bien del otro. No debe manifestarse con envidia, arrogancia, egoísmo, resentimiento ni complacencia en la injusticia.
Los signos que debe mostrar el amor
San Pablo, en 1 Corintios 13,4-7, describe la caridad como paciente y bondadosa; no es celosa ni orgullosa, no busca su propio interés, no guarda rencor, no se alegra de la injusticia y se alegra con la verdad. El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta descripción como la esencia de la caridad.
- La caridad es paciente y amable.
- No es envidiosa ni jactanciosa.
- No es arrogante ni grosera.
- No insiste en su propio camino.
- No es irritable ni resentida.
- No se alegra de la injusticia, sino de la verdad.
- Todo lo soporta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta.
Además, la caridad se expresa en obras concretas, especialmente hacia quienes necesitan ayuda. Jesús enseñó que el amor al prójimo es una señal distintiva de sus discípulos (Juan 13,35) y que servir a los más pequeños es servir a Cristo mismo (Mateo 25,40). Por eso, el amor cristiano impulsa a atender las necesidades reales del prójimo, no se queda en palabras o sentimientos.
Lo que el amor no debe mostrar
El amor no debe manifestar envidia, vanagloria, arrogancia, rudeza, egoísmo, irritabilidad, resentimiento ni alegrarse cuando otro sufre una injusticia. El Catecismo resume que la caridad no se complace en el mal, sino que se alegra con la verdad.
Por eso, el amor no debe usarse para dominar, humillar o exigir que el otro satisfaga siempre los propios deseos. Tampoco se reconoce por la posesividad o la competencia celosa, que contradicen la caridad descrita por San Pablo.
El papa Clemente XIII también contrapone el amor a la arrogancia, intolerancia, ambición y envidia, recordándonos que el amor cristiano es humilde y generoso.
Amar no es ocultar la verdad ni tolerar cualquier conducta
La paciencia y el perdón no significan llamar bueno a lo malo. La caridad se alegra con la verdad y distingue entre el pecado y el pecador, rechazando el mal sin negar la posibilidad de conversión y perdón.
Corregir con respeto, poner límites razonables o buscar ayuda frente a conductas dañinas no es falta de amor si se hace procurando la verdad y el bien, no por venganza o control.
Amar al enemigo, como manda Jesús en Mateo 5,44, es no responder al mal con odio y buscar el bien del otro, pero no significa aprobar la injusticia.
Resumen final
El amor cristiano se muestra en paciencia, bondad, respeto, servicio y búsqueda del bien verdadero del otro. No debe manifestarse con envidia, egoísmo, soberbia, resentimiento o complacencia en la injusticia. Su medida es el amor de Cristo, que une caridad y verdad en la vida diaria.