El noviazgo, según la Iglesia, no es un simple entretenimiento ni un "matrimonio de prueba". Es un tiempo para conocerse, discernir la vocación y madurar en el amor, siempre orientado, si existe esa llamada, al matrimonio. Los novios aún no son esposos y deben vivir esta etapa con responsabilidad y fe.
Conocerse y discernir la vocación
El noviazgo debe ayudar a los jóvenes a preguntarse sinceramente si están llamados al matrimonio. Es fundamental que ambos puedan construir una vida común basada en la fe, la fidelidad, la responsabilidad y la apertura a la familia.
La Iglesia recomienda que este discernimiento sea previo al compromiso matrimonial. Para ello, es importante recibir formación sobre la dignidad del amor conyugal y la castidad, que permite un noviazgo honrado y una preparación adecuada para el matrimonio.
Vivir la castidad durante el noviazgo
La Iglesia enseña que los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. Esto significa que deben reservar las relaciones sexuales para el matrimonio. La castidad no es negar el amor, sino aprender a amar sin poseer ni usar al otro.
Vivir la castidad ayuda a:
- Descubrir el respeto mutuo.
- Aprender la fidelidad.
- Esperar con esperanza el momento del matrimonio.
No usar el noviazgo como "matrimonio de prueba"
La convivencia o la intimidad sexual no deben ser vistas como una prueba antes del matrimonio. La Iglesia distingue claramente entre el noviazgo, que es un tiempo de conocimiento y preparación, y el compromiso matrimonial definitivo.
Si una pareja ha convivido, la Iglesia no la excluye, pero invita a examinar la situación con verdad, conversión y acompañamiento pastoral.
Crecer juntos en la fe y las virtudes
Un noviazgo cristiano busca crecer en:
- Oración personal y, cuando sea posible, oración en pareja.
- Participación en la vida sacramental.
- Diálogo sincero sobre la fe, la familia, los hijos, el trabajo y el uso de los bienes.
- Capacidad de perdonar, servir y asumir responsabilidades.
- Respeto por los límites físicos, emocionales y espirituales.
- Buen trato con las familias y la comunidad cristiana.
Principios morales y prudencia
La enseñanza moral católica afirma que:
- El noviazgo debe respetar la diferencia entre novios y esposos.
- Los novios están llamados a la castidad y la continencia.
- Las relaciones sexuales corresponden al matrimonio.
- El noviazgo debe orientarse al discernimiento y a una posible alianza matrimonial.
- La dignidad de la persona excluye usarla como objeto de placer.
En resumen
Un buen noviazgo es un tiempo para discernir, conocerse, crecer en la fe, vivir la castidad y prepararse responsablemente para el matrimonio, sin adelantar la intimidad propia de los esposos. Así, los jóvenes pueden construir un amor verdadero y duradero, fundado en Dios.