Confesarse por primera vez siendo joven es acercarse a Cristo para recibir su misericordia y perdón. No es un examen ni una humillación, sino un encuentro con Dios que te quiere reconciliar contigo y con la Iglesia.
Antes de confesarte
- Busca un sacerdote y dile: «Padre, es mi primera confesión; ¿puede ayudarme?». No necesitas saber todo de memoria.
- Haz un examen de conciencia. Pregúntate cómo has amado a Dios y a los demás en cosas como la oración, la Misa, la obediencia, la verdad, el respeto, la pureza, el uso de internet y el trato con tus padres y amigos.
- Arrepiéntete sinceramente de tus pecados y decide luchar para no repetirlos. Esto es fundamental para la confesión.
- No es necesario contar historias largas ni justificarte. Di con sencillez y honestidad qué hiciste. Si recuerdas un pecado grave, indica cuántas veces ocurrió o su frecuencia aproximada. Si tienes dudas, pregunta al sacerdote.
Durante la confesión
Sigue este esquema para sentirte más seguro:
- Haz la señal de la cruz y saluda. Puedes decir: «Ave María Purísima» o simplemente: «Padre, es mi primera confesión».
- Añade si quieres: «Hace mucho tiempo que no me confieso» o «No sé muy bien cómo hacerlo».
- Confiesa tus pecados con claridad y sinceridad.
- Escucha el consejo del sacerdote con atención.
- Reza un acto de contrición, por ejemplo:
«Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente, con tu gracia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado. Amén».
- El sacerdote te dará una penitencia, que puede ser una oración o una acción concreta. Hazla después de la confesión, pues forma parte de la reparación.
- Cuando el sacerdote pronuncie la absolución, responde «Amén» y despídete.
¿Por qué confesarse con un sacerdote?
Jesús confió a los apóstoles el ministerio de perdonar los pecados. En el Evangelio dice:
«Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Juan 20,22-23).
Por eso, la confesión con un sacerdote es el camino que Cristo nos dejó para recibir su perdón.
Después de la confesión
Da gracias a Dios por su misericordia. Cumple la penitencia que te dio el sacerdote y piensa en un paso concreto para mejorar en tu vida. No te preocupes si sigues teniendo tentaciones; la gracia de Cristo te ayuda a luchar contra ellas.
Recuerda que lo esencial es acudir con arrepentimiento sincero, confesar tus pecados al sacerdote, recibir la absolución y cumplir la penitencia. Las costumbres pueden variar, pero la misericordia de Dios es siempre la misma.